martes, 2 de marzo de 2010

Lo que me encuentro mientras hurgo en viejos archivos.

Recordando Real de Catorce me vienen a la mente:

El cielo limpio y el aire de la sierra (y por supuesto, el frío)

El túnel de Ogarrio, de 2 Km de longitud y que es la única vía de acceso vehicular al pueblo. Sólo está iluminado en la entrada. Y a mí que se me ocurre recorrerlo totalmente a pie. Adentro la oscuridad es absoluta y sólo se oyen tus pasos y tu respiración. La luz de la pantalla del celular era lo que me guiaba. Y aun así se veía tenue.

Sus calles estrechas y empedradas. Con un olor imperante a orines de caballo, eso sí. Pero a fin de cuentas, son el transporte más práctico entre este laberinto de callecillas que suben y bajan, dirigiéndose en ocasiones a ninguna parte.
Su actividad, particularmente los días de fiesta. Cuando mucha gente de la ciudad se vuelca en este pequeño espacio. Muchos por un genuino interés en conocer el lugar. Otros sólo como una oportunidad de echar desmadre lejos de casa.
Su ambiente relajado. Después de todo es un pueblo alejado muchos kilómetros de la ciudad más cercana. Rodeado de montañas, viviendo de viejas glorias.
La devoción de los feligreses, volcada todos los domingos en misa.
El ambiente de semiabandono del lugar. Que más que resultar desagradable, constituye un atractivo de este sitio. Viejas construcciones que conocieron mejores tiempos. Antiguas casas hechas enteramente de lajas sobrepuestas y unidas con argamasa. Con los típicos patios interiores, repletos de flores, cuya proliferación es propiciada por el clima templado del altiplano. Grandes puertas de madera, arcadas, escalinatas, ventanales. Cada rincón del pueblo exuda una historia que contar. La oportunidad de empaparse, aunque sea con un tenue barniz, de la cultura huichol. Etnia que considera sagrado este lugar y con una cosmovisión interesante, misma que se ve plasmada en sus coloridas artesanías.
Los viejos tiempos de bonanza minera, del cual sólo quedan las edificaciones que señalan los emplazamientos de las minas y sus túneles que conducen a las entrañas de los cerros en busca de mineral.
El paisaje después de la lluvia de la tarde.

Y sobre todo, me viene a la mente el hecho de desear nuevamente estar en ese maravilloso lugar. Pronto, espero sea pronto.

7 comentarios:

wisho dijo...

hermoso lugar,yo tambien espero pronto estar ahí :)
saludos!

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Me encantan estos lugares, son geniales.

Noé dijo...

Wisho:
Y si nos orgianizamos y vamos con la Intersadik?? Al cabo q ella es de por ahí cerca =P Saludos!!!

Lalo:
Sí, verdad?? Puede uno volver las veces que sean necesarias y aun así seguir hallando cosas nuevas e interesantes. Saludos!!!

fritzio dijo...

por lo pronto una imagen renovada y los bríos reforzados, con tu memoria visual captada en todo su esplendor. como siempre, felicidades. y gracias por lo que nos regalas a quienes no hemos tenido tanta oportunidad de ir, y regresar, de tantos lugares, por razones de ocio o de negocio
un saludo enorme
de marzo ya
que estés bien

Carlos dijo...

oye wooow, se ve increible, mmta necesito una salida, siento que me acartono aquí en la ciudá jaja

Noé dijo...

Fritzio:
Muchas gracias por tus comentarios. Como siempre, eres bienvenido a este espacio. Los mejores deseos para ti también.

Carlos:
Sí, verdá?? La ciudá es bien gacha, man´to. Pero si ponemos el puesto de tortas de sardina con frijol y agua de chía creo que podremos juntar pa´irnos a donde nosotros queramos, man´to. Te mando un no-acartonado abrazo =P

Javier dijo...

pues uno siempre encuentra cosas cuando esta limpiando sus archivos... si no dime qué no encontré cuando hice una busqueda de archivos de la compu de mi trabajo jeje