martes, 11 de mayo de 2010

La mirada.

Allí, en un claro de la selva. Fija, férrea e imperturbable. Observando no se sabe bien qué punto del horizonte. O muy probablemente esos ojos estaban más bien puestos en el pasar de los siglos. A contemplar cómo los restos de la civilización que los creó se cubrían paulatinamente de vegetación y hojarasca. Para ver cómo la selva reclamaba lo que por derecho le corresponde. Invadiendo de humus y musgo las sagradas piedras y los altares ya vacíos de ofrendas humanas, echando raíces profusamente entre las chozas, palacios y pirámides. El personaje portador de esa mirada permanecería anónimo, así como las razones que movieron a todo un pueblo a buscar enormes bloques de basalto en montañas lejanas y trasladarlos a través de vastos ríos y pantanos hasta su centro ceremonial para dejar grabada en ellos su expresión. La impresión de su rostro. El inherente deseo del espíritu humano a dejar una huella de su paso por este mundo. La búsqueda de grandeza y la permanencia de su recuerdo. Tal vez sabio gobernante, tal vez fruto de la imaginación del artista, tal vez jugador de pelota decapitado. Esa mirada soportaría siglos de soledad absoluta, de olvido, de exposición a los elementos. Esperando. Pacientemente. Para resurgir y volver a ver el mundo que le vio ser creada. Para ser vista cara a cara por otros ojos, otros rostros, otras mentes. Para maravillar a algunos e intrigar a otros. Para continuar escudriñando el paso inmutable del tiempo. Y que las generaciones por venir, si lo desean, se vean y se encuentren en ese par de antiquísimos ojos.

4 comentarios:

Abraham N, Manríquez dijo...

Sin duda un gran misterio el que encierran esas figuras que perduraron a través del tiempo. Belleza que podremos disfrutar, más no descifrar.

Noé dijo...

Abraham:
Yo creo que en eso reside la belleza de muchas de estas piezas. En el misterio que encierran. Pero eso es bueno. Nos motiva a especular. Y, por supuesto, a preservarlas. Saludos!!!

tnf25 dijo...

saber que tanto han visto...

Noé dijo...

Toño:
La de cosas que nos contarían...