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jueves, 13 de enero de 2011

Asómate a...

Son muchas las palabras o emociones que pueden aflorar al estar frente a un sitio como este:

*Grandiosidad*Sosiego.


*Tal vez algo de vértigo....

*Otro tanto de plenitud...

*Mucho asombro.

*Más aun, la sensación de pequeñez de uno mismo.

*De saber que las distancias y profundidades sólo son aparentes, porque en realidad son mayores a lo que percibimos....

*Pero por último, y no por eso menos importante, regocijo. Por tener la oportunidad de ver un lugar así.
Lo cierto es que una visita al Cañón del Sumidero no puede dejarte indiferente....

jueves, 28 de octubre de 2010

Día de muertos....

Una flama viva para aquellos que ya no lo están. Aunque nunca compartí el sentimiento de dicha celebración, el empeño que muchas personas ponen aun en el arreglo de los altares, y la creencia de que, de alguna forma, aquellos que se fueron eventualmente regresan, es hasta cierto punto contagioso. ¿Cierto?¿Falso? Nadie lo sabe con certeza. Entramos aquí al terreno de la fe. Y ese territorio puede ser escabroso....

viernes, 5 de febrero de 2010

La transformación de Peppermint Patty

¿Recuerdan a Peppermint Patty, la pelicastaña amiga y eterna enamorada de Charlie Brown que siempre usaba huaraches? ¿Aquella a la que más de una mente morbosa le atribuyó un romance lésbico con Marcy la cuatro ojos, su inseparable compañera, quien para acabarla de amolar siempre le llamaba "jefe"?
Pecosa, poco agraciada físicamente, con una indumentaria y una actitud ante la vida poco representativas de una niña de su edad.
Pues bien, tal parece que encontró al fin su verdadera identidad. Fue con un cirujano y un estilista de medio pelo, se dio una leve pimpeada y ahora hasta es famosilla y da conciertos. Claro, el photoshop ayuda un poco, aunque tampoco hace milagros....
Eso ya no es tener temor a Dios.....ni a la plancha para el cabello, jajajaja. #Ladecosasqueseven U_U

lunes, 30 de noviembre de 2009

El equilibrio de las partes

Les presento mi juego de Jenga en versión paleolítica. Está padre ¿no? A mi me relaja mucho. Acomodar las piedras una sobre otra, tratando de hallar la posición y el ángulo adecuados para que embonen bien y haya equilibrio entre cada una y que al final se produzca esta pequeña construcción. A veces me aburre el orden en que las voy poniendo, y cambio. La más chica debajo, la mayor en la parte de arriba. Esta aquí, esta otra por allá. Al final, el resultado es diferente. La pila de piedras adquiere una fisonomía distinta. Esa fisonomía puede durar o ser muy breve. Termino de poner la última piedra y resulta que todo se bambolea y se viene abajo. O, por el contrario, permanece estable...como en este caso. Ha estado así por días. Inmutable. ¿Firme? No lo sé. A veces basta un ligero disturbio para que ésta se balancee de nuevo y amenace con caer. Pero... a diferencia de ocasiones pasadas, pienso que en este caso permanece un poco más debido a que tiene una base amplia. Sin embargo, bastaría un leve empujón para que todo se venga abajo ¿por qué? Simplemente porque las partes, a pesar de estar en equilibrio, carecen de una fuerza que las haga estar unidas. No hay cohesión. No hay algo que las haga mantenerse unidas. Están juntas, pero son independientes una de la otra.

Pienso que la vida, nuestra vida, es semejante a esta estructura. Estamos formados por etapas, momentos, recuerdos, bagajes, sentimientos, información. Si a ello le agregamos esa chispa, ese "yo mismo", nuestra personalidad, obtenemos al individuo. Al ser humano. Todas las partes que componen nuestra vida están igual que estas piezas de piedra, en equilibrio constante. ¿Cómo hallar ese "neutro balance"?(sin hacer publicidad a los jabones =P). ¿Cuál es la base amplia sobre la que nos cimentamos y que evita que caigamos? Para algunos son sus principios, para otros su educación, para otros tantos su fe, para muchos más Dios (en la forma en como prefieran creer en Él y visualizarlo). Ahora bien, ya tenemos la base. ¿Cuál es, entonces, el factor que propicie la cohesión entre cada una de las fases de nuestra vida? ¿Seguirían siendo los mismos que enumeré anteriormente? ¿Se añadirían a la mezcla de la argamasa cosas como la congruencia, la honestidad, las aspiraciones, la compasión, la generosidad, la perseverancia? ¿O será acaso el amor? No lo sé. Somos tan semejantes, pero al mismo tiempo hay tantas disimilitudes, que generalizar sería una reverenda tontería. El punto es ¿con qué cimentamos nuestro Jenga? ¿cómo logramos el equilibrio entre las partes? ¿cómo evitamos caer cuando algo nos mueve el piso? Estoy seguro que en cada uno de nuestros casos particulares deben haber factores que nos han hecho funcionar. De otro modo, hace mucho que no estuviéramos aquí.

Cimentemos, y aun más, mantengamos esa cohesión entre todas las partes que constituyen nuestra vida. Por lo pronto, ya tengo nuevas piezas que añadir a la estructura. Veremos cómo queda. Estoy seguro que se verá genial.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Necesidades Especiales

Sábado a mediodía. Afuera, la ciudad transcurre con la rutina de un fin de semana más. Adentro, el espejo de una habitación cualquiera de un lugar cualquiera refleja dos cuerpos. Dos personas, dos perfectos cabrones, dos mundos opuestos y con pocas similitudes que, sin embargo, han decidido en ese momento darse el todo por el todo. No son neófitos, cada uno sabe lo que hace con el otro. Con un largo camino recorrido en esto de las artes amatorias, cada quien pone de sí para no dejarse aventajar por el semejante. La temperatura se eleva, el sudor corre. Las manos suben y bajan, entran y salen, en una labor ardua y ansiosa de reconocimiento del terreno, de encontrar el punto exacto en el cual doblegar al otro y hacerlo pedir más. Los dedos se entrelazan, las manos estrujan, los brazos rodean, las lenguas se encuentran, exploran cada rincón buscando respuesta en forma de un suspiro, un quejido leve o un gemido profundo. Los labios se funden en un beso. Los besos se vuelven peregrinos. Recorriendo geografías corporales bajan por el torso, se entretienen en la curva de la espalda y hallan al fin destino entre las piernas del contrario. Los cuerpos se admiran, se desean, se dicen cosas al oído. A sabiendas de que hay condicionantes.

“Soy tuyo aquí y ahora” fue lo que Número 1 dijo desde un principio. Número 2 dijo aceptar los términos. En el fondo, muy a su pesar. Pero ¿para qué se hace el tonto? Ya sabía que a eso iba, y que de eso no pasaría. Así que ¿por qué esa sensación de tristeza? Número 2 está siendo muy ingenuo…y muy inmaduro. Al final, acepta la situación. Después de todo, si es “aquí y ahora” hay que hacer que valga la pena. Y Número 2 se esmera. Número 1 se abandona a las sensaciones que éste le provoca. Que son muchas. E intensas. Los movimientos se tornan más urgentes, menos controlados. La habitación se llena de murmullos, quejidos, suspiros, resuellos, gemidos. Las caderas van y vienen. Arriba, de lado, de frente, de rodillas, de espaldas. Ambos se entregan sin reservas. Los cuerpos se embisten, sus dueños se sorprenden mutuamente de lo que son capaces de hacer. Y entonces ocurre. Número 1 estalla en un orgasmo intenso, incluso espasmódico. Número 2 hace lo propio. Ambos se desploman, exhaustos. Pero satisfechos.

Número 1 tiene que irse. Hay alguien más que lo espera. Con quien comparte sus días y la mayor parte de las noches. Se viste casi de inmediato. Un breve abrazo de despedida y un hasta pronto. Y se va…..Número 2 se queda, en medio de una apacible tristeza, tonta nostalgia anticipada. Sonríe levemente para sí. Gira la cabeza hacia la almohada contigua, ahora vacía. Uno más…¿o es acaso uno menos??

Es muy probable que nunca vuelvan a verse. Al menos no en persona. Al menos no tan cercanamente. Sin embargo, cabe la ligera posibilidad (sí, muy ligera), de que cada quien se cruce por los pensamientos del otro. Aunque sea de forma fugaz. Y que ese sábado a mediodía en una habitación cualquiera de un lugar cualquiera sea recordado. Y que ese recuerdo trascienda lo momentáneo y lo intangible. Tal vez, sí. Sólo tal vez...Just another sucker dream.