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lunes, 28 de mayo de 2012

Marlene

20 años se cumplieron este mes del fallecimiento de una de las estrellas de cine más importantes del siglo XX: Marlene Dietrich.

Si habría que describirla en una sola palabra, esa sería: sofisticada.


Pero también podría decirse de ella: ambigua.

Dueña de una mirada que lo mismo era mezcla de languidez que de explícita soberbia. Creó y vivió todo un mito alrededor de su persona. Adjudicándose una aureola de mujer fría e inaccesible. 


Sus capacidades histriónicas bien podrían ser tema de debate. O las tenía o no. Sin embargo, supo manejar bien su carrera, escogiendo los papeles que mejor le salían: los de mujer fatal. Y tenía recursos para hacerlo. 

Icónicas son sus imágenes. Como aquella en la que, sentada, muestra provocativamente las piernas mientras su mirada cruza su hombro derecho y canta con abandono "Enamorándome de nuevo".

O el haber registrado para la historia del cine la primer escena de un beso lésbico. 


O esta otra imagen la cual, si la comparamos con reinterpretaciones más contemporáneas, nos será familiar.



Hasta cierto punto hermética, no obstante su vida privada siempre fue objeto de especulaciones. Si algún tema en específico dio de qué hablar, fue su velada rivalidad con otra diva del cine: Greta Garbo. Un supuesto romance juvenil truncado entre ellas ha sido el argumento del alejamiento que tuvieron toda su vida.



Igual de comentados fueron sus romances lésbicos. Varias estrellas se encuentran en la lista: Dolores del Río, Claudette Colbert, la escritora Mercedes de Acosta e incluso la mismísima Edith Piaf.

Menos familiares nos sean tal vez sus últimas presentaciones en la pantalla. Ya longeva, sin embargo, seguía conservando esa aureola de glamour que tanto le gustaba ostentar. Pelucas y lujosos vestidos le ayudaban con ese cometido. Incluso se comenta que, bajo las pelucas, se hacía apretadas trenzas con tal de estirarse levemente la cara. 


Sea verdad o mentira esta clase de anécdotas, la Dietrich tenía ese algo que la volvía un imán para la cámara. Y ese magnetismo le valió ser leyenda.



domingo, 23 de enero de 2011

Saltillo.

Algo tiene Saltillo, que siempre hace que vuelva allí. Aunque pase mucho tiempo entre cada visita. Tiene que ver mucho esa mezcla de montañas y desierto. Y que aun guarde muchos aspectos de ciudad de provincia.

Donde hay fachadas coloridas que han resistido el paso del tiempo.

Y hay calles empedradas, con enormes árboles que proyectan su sombra y crean una atmósfera como de cuento de García Márquez.
Y donde se pueden tener vistas geniales de los alrededores.
Y en cada rincón hay siempre caminos que nos llevan a sitios donde tal vez podamos encontrar algo interesante.
Como el perfil de algún habitante del desierto, recortado contra el cielo casi siempre despejado.
O una miríada de pequeñas plantas que logran cautivar la atención.
O pequeños roedores socializando, a los cuales resulta interesante observar.
La historia de la región no sólo se encuentra sobre la superficie, sino también bajo ella. Y nos habla de gigantes que alguna vez caminaron por ese mismo suelo.
Y de seres que poblaron vastos mares hoy inexistentes, y que dejaron su huella plasmada en piedra.
En tanto que, muchísimo tiempo después, se erigían estructuras que hoy le dan identidad a la ciudad.
Muchas veces, los restos del pasado nos muestran la dirección que el futuro podría tomar.
También el pasado deja constancia del paso de personajes relevantes.
La ciudad crece, y muchas de esas cosas antiguas, son transformadas y redefinidas.

Sin importar los cambios, se erige como el corazón de toda esa región.
Lo que se manifiesta en su actividad política y cultural.
Y hay colorido hasta en los detalles más pequeños y en apariencia menos significativos.
Ante ciertas fachadas, lo único que uno puede hacer es callar. Y entender.Y, sobre todo, imaginar. La vida antes y la vida después de nosotros.Y aun sigo sin encontrar la respuesta a por qué me agrada esa ciudad.

jueves, 14 de octubre de 2010

Pachamama Sumac

Una voz definitivamente no humana, una presencia única y un toque de exotismo hicieron de Yma Sumac una de las grandes personalidades artísticas del siglo XX. Con un amplísimo rango vocal, y una versatilidad tal que le permitía imitar desde el ronco gruñido de una fiera hasta el agudo trino de un ave. Su registro natural era de contralto pudiendo, sin embargo, cantar como soprano dramática e incluso voz de barítono y tenor, las cuales obviamente son de tipo masculino. Algo que sólo las cantantes más experimentadas podían hacer (perdón...María Callas quién???!!!!). Si alguien lo duda, aquí una muestra:



sábado, 25 de septiembre de 2010

Viviendo en rosa

Estoy, como dirían en Tabasco: "hasta el cushul" con un trabajo que dejé pendiente toda esta semana por estar atendiendo las tareas finales del curso y preparándome para exámenes y presentaciones orales. Desde que entré a la maestría, las noches de sábado se me han vuelto realmente atípicas. Además de que el ambiente en esta ciudad no contribuye mucho a querer salir. Digo, después de todo, sigue siendo una ciudad pequeña donde la mayor parte de la gente se "guarda" en sus casas después de las 9 de la noche. En fin, que ese no es el punto de este post. El punto es....hijole, creo que no tengo un punto. Estoy algo apurado por sacar ese trabajo pendiente. Sin embargo, bendita sea la música, que es la que te hace más llevadero el momento. Y viene esto a colación porque mi amiga Josefa (quien vive en el puerto jarocho y a quien le mando un abrazotote, lástima que no pueda aportar en algo para ayudar a los damnificados de allá porque acá ando escaso, por no decir nulo, de lana =S)...este, bueno, que mi amiga Josefa puso un comentario en su muro de Facebook sobre lo mucho que le gustaba "La vie en rose" de Edith Piaf. Dato que hasta hoy desconocía de ella (y eso que la conozco desde la primaria, aunque no nos hemos visto en años). Y curioseando en el Tubo, resulta que la señora hizo una pequeña aparición en no sé qué película mexicana interpretando precisamente ese tema, tanto en francés como en español. Y vaya que me gustó, ¿será acaso porque estoy atravesando alguna etapa romanticursi? No lo sé de cierto, sólo lo supongo. Pero creo que no es necesario estar enamorado para captar el sentimiento que viene implícito en esta canción, y emocionarse con la emoción de la Piaff al pronunciar cada palabra, al hilar cada frase, al mover sus manos para reafirmar lo dicho. Bueno, les dejo el video y espero lo disfruten tanto como yo lo hice. Su interpretación siempre me provoca un no sé qué que me induce a sonreir, meditar y dar gracias.

jueves, 22 de julio de 2010

Vermeer para creer

Cuando estaba en secundaria acostumbraba comprar una revista que se llamaba Geomundo. En alguna ocasión, José Luis Cuevas publicó un pequeño artículo sobre la vida y obra de Johannes Vermeer, pintor holandés de quien no había oído hablar antes. Y debo decir que desde entonces quedé impresionado con su trabajo. Si bien éste no fue muy abundante a lo largo de su vida, le ha hecho ganar el reconocimiento como uno de los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos. Sus pinturas costumbristas, de personajes captados en la cotidianeidad, bien podrían pasar desapercibidas. Sin embargo, resaltan por el magistral manejo y uso de la luz en cada una de ellas. Con una técnica que bien podría clasificarse de fotográfica.
Pintor poco prolífico, durante su vida poco vio del éxito o la fama que muchos pintores suelen tener. Como en muchos casos, pasó necesidades. Y a su muerte, fue olvidado. Sólo hasta el siglo XIX, con las reseñas periodísticas del francés William Thoré-Bürger, sus pinturas captaron de nuevo la atención de propios y extraños.
Sin ser paisajista, sin embargo, su obra Vista de Delft es uno de sus cuadros más conocidos. A diferencia de sus contemporáneos, que pintaban en grandes lienzos, las dimensiones de sus cuadros eran reducidas. Es de notarse que en su gama de colores no usaba el negro, sino tonos muy oscuros de otros colores como el marrón, el azul o el verde.
En lo personal, sus pinturas me transmiten serenidad. Es como estar viendo un reportaje periodístico del siglo XV. Sus personajes, captados justo en el momento de realizar una acción en particular. Poses no forzadas, naturales. Y la luz, siempre la luz. Incidiendo desde uno de los ángulos del cuadro. Resaltando ciertos caracteres del rostro o del cuerpo del o de la protagonista. Iluminando la habitación y dejando ver muebles, enseres y demás utensilios propios de la época. La encajera recoge a detalle la minucia y concentración que requería un oficio tal. La tasadora de perlas, una posible alegoría del juicio final en el que una mujer de expresión dulcificada somete a prueba la calidad de las perlas en una balanza. Sus ropajes denotan su avanzado embarazo. El manto sobre su cabeza, sin embargo, le confiere un aspecto casi virginal. Otras tantas obras mostraban mujeres en actitud de leer una carta. La mirada fija, expectante. De quien espera recibir buenas noticias. Los labio entreabiertos, de quien acostumbra leer cartas en voz alta. O tal vez representaba la sorpresa producida por la noticia escrita en papel. La lechera, su representación de una empleada doméstica en el simple acto de verter leche en una jarra en la cocina. Juraría que es posible escuchar el borboteo del líquido al ser derramado en el recipiente. El colorido se hace evidente en Mujer con collar de perlas, en el que el amarillo, el blanco y un listón rojo son los elementos que dotan de vida a la composición en general.



Pero es, sin lugar a dudas, La joven del arete de perla, su obra más conocida. Tal vez por atípica. Generalmente retrataba a sus personajes desde una distancia considerable. Aquí es más intimista. El turbante de influencia turca, la mujer desprovista de cejas. La mirada al expectador. Los labios entreabiertos, sugiriendo una conversación. El brillo de la luz sobre la perla pendiente de su lóbulo izquierdo. Un efecto tridimensional único, producido por la maestría en el manejo del claroscuro. La identidad de la joven, que para muchos es un misterio. Con el estreno de la película del mismo nombre, protagonizada por Scarlett Johanson (en su etapa de cineindependientera), el interés por esta y otras obras del pintor aumentó.
Lo mismo en escenas históricas que en retratos costumbristas de la sociedad de su época, en alegorías o en representaciones de su pueblo natal, Vermeer es un pintor cuya obra ha perdurado (afortunadamente) y se ha vuelto un punto de referencia entre los estudiosos del tema. Y motivo de goce entre quienes gustan de este arte.

martes, 27 de abril de 2010

Via Appia

-Sereno, el director toma su lugar frente a la orquesta. Con el vaivén acompasado de sus manos va marcando la pauta del ritmo y la melodía. El piano inicia con un sonido grave, muy grave, casi en el límite de la audición. Un monótono y opresivo boom-boom-boom-boom. El timbal pronto se une a este compás, seguido del clarinete bajo. Siempre en el límite de lo audible. Suave. Como el sonido de una muchedumbre en la lejanía.... -Un aire de incertidumbre se cierne ese día sobre la ciudad imperial. Muchos meses han pasado desde que las legiones partieron hacia el Ponto Euxinus y las noticias que se han recibido han sido pocas y contradictorias. En todos los hogares, desde el palacio real hasta las chozas de artesanos y obreros, hay mujeres esperanzadas en el pronto regreso de un padre, un hermano, un esposo o un hijo. Mientras los niños juegan en las plazas, el viento hace mecer suavemente los pinos de la Vía Appia. El ritmo de la vida fluye, a paso lento, pero continuo. Mercaderes de diversos puntos del imperio ofertan sus productos. Frutas, flores, joyas, incienso, perfumería, bestias exóticas....esclavos.
Desde lo alto del Janiculum, viendo hacia Brindisi, se puede observar una nube de polvo. Pequeña en un principio, pero con el transcurrir del tiempo va creciendo. Un ligero estremecimiento, un ruido sordo comienza a escucharse en las afueras de la ciudad. Pasos. Pasos al unísono. De una enorme compañía que se aproxima....
-Tras los primeros movimientos orquestales, un clarinete empieza a marcar lo que será la melodía base en el resto de la sinfonía. No de súbito, sólo unas cuantas notas. En tanto que, paulatinamente, la sección de vientos se va incorporando a la marcha marcada por las percusiones. Siempre en un tono suave, como presagiando lo grandioso que puede ser lo que viene...

-Corren rumores por toda la ciudad. La ansiedad aumenta. Mujeres, ancianos y niños se vuelcan a las calles, expectantes. El sonido de la muchedumbre se acrecenta. No sólo de sus pisadas. Fuertes sonidos metálicos, como de armaduras y lanzas. Jinetes a caballo. Carros de combate. El reflejo de la luz del sol sobre miles de cascos y escudos incide sobre las colinas y es visible desde varios kilómetros a la redonda....
-Un oboe solitario, melancólico, resuena. Como un profundo lamento o un suspiro nostálgico por lo que se ha perdido. Calla de súbito. Un par de trompas retoma la melodía propuesta antes por el clarinete. Esta vez en tono más audible, en constante escalada, aunque contenidas por sus sordinas. El boom-boom del timbal y el tono grave del piano continúan como la base de todo ese collage de sonidos que poco a poco va tomando forma.
-Muchas preguntas se forman en las mentes de quienes han salido a las calles a esperar a la multitud que se aproxima. Mujeres que se asoman inquietas a las ventanas y balcones. Inquietud que radica en la incertidumbre del regreso de ese a quien tanto esperan. Los niños han cesado de jugar. La emoción los embarga. Hasta pareciera que las mismas aves han enmudecido ante el clima de tensión que se vive. A lo lejos se escucha el resonar de trompetas, gritos y barullo. Podrían ser de una multitud derrotada. O de victoria.


-A la sección de vientos, se unen las cuerdas. Punteadas primero, luego con el arco. Los contrabajistas parecieran querer destrozar las cuerdas con semejante ímpetu. La sección de vientos completa responde a la dirección del maestro. Trombones, trompetas y trompas repiten al unísono y cada vez más fuerte la melodía. Los violines contribuyen con sus armonías a dar el toque necesario para que la obra adquiera dimensiones estratosféricas.
-De los pueblos al paso de las legiones se han unido ya muchos habitantes. Algunos para verlos pasar. Otros para recibirlos. Panderos, danzas y cantos parecen indicar que el regreso de los legionarios trae consigo cosas muy buenas.

-¡Y ocurre! A la orden del director, toda la orquesta estalla en clímax. Cada sección independiente de la otra, pero todas juntas para crear de esa mezcla de sonidos una composición armoniosa que hace retumbar las paredes de la sala de conciertos por su cantidad de decibeles. El rostro del director, adusto y severo, refleja sin embargo la emoción que le embarga con cada nota in crescendo. El golpe del címbalo da pauta a una nota sobrecogedora, por parte de los músicos de los bombardinos. A todo pulmón, despertando tal vez a más de uno que ya dormitaba en la sala.

-Las trompetas vuelven a sonar. Ahora en la entrada de la ciudad. La multitud estalla en júbilo. Y brotan de todas partes flores, listones, guirnaldas, para celebrar el regreso del ejército. Al frente de las tropas, el mismísimo emperador. En un carruaje incrustado de marfil y pedrería, tirado por caballos blancos y vistiendo el manto púrpura que lo distingue. El semblante altivo bajo la corona de laureles. A sus pies, las coronas de los tantos reyes vencidos en esa campaña. Tras él, sus generales, y todo el cuerpo de la caballería. La euforia del pueblo no conoce límites. Las madres, las esposas, los hijos, todos se arremolinan para verles pasar y reconocer entre ellos a quienes tanto han esperado. Alguna, con satisfacción, calman sus temores. Otras permanecen en la duda y otras tantas pierden sus esperanzas. El llanto y el júbilo se combinan en ese momento. Es turno de la infantería pesada y sus centuriones, marchando en estricto orden. Después la infantería ligera, cargada con el botín de guerra. Desde tesoros hasta personas....Todos desfilando a lo largo de la Vía Appia. Hasta llegar a las puertas mismas del Capitolio y el templo de Júpiter, a quien dedican esa victoria militar. Familias enteras se reencuentran. Y la emoción embarga a más de uno de aquellos soldados.

-La emoción permea en ese lugar con cada nota. Los violines, frenéticos. Las trompetas, trombones y el resto de la sección de vientos, incontenibles. Las percusiones constantes. Hasta el propio director se estremece ante la intensidad que ha alcanzado la sinfonía. Ante cada movimiento de sus manos, la orquesta responde maravillosamente. Los decibeles saturan el aire. Estalla el címbalo, más notas fortísimas de los bombardinos. Y a la orden del maestro, los músicos culminan con un final apoteósico e inigualable. El público se entrega en aplausos. La orquesta se pone de pie y agradece. Y el director sonríe satisfecho. Sabe que se ha anotado una victoria más. La última de su carrera.