Ambos permanecían de pie, desnudos, frente al espejo del pasillo. El cabello revuelto, la respiración aun agitada después del sexo. La piel provista de ese brillo peculiar que le da el sudor. 1 abrazaba a 2 por la espalda. Su brazo izquierdo alrededor de sus hombros. El derecho rodeando su torso. Los labios en el punto exacto. Su barba provocando reacciones secundarias donde quiera que pasara. 2 simplemente cerró los ojos y se dejó llevar por las emociones que surgían impetuosas. ¿Valdría la pena emocionarse por algo que bien podría ser efímero? ¿Ese momento, ese "aquí y ahora" sería trascendente? ¿Y por qué preocuparse del futuro? ¿Por qué no mejor vivir sólo el momento? ¿O estaría actuando irresponsable e impulsivamente? ¿Y si decía "no" justo en ese momento, aunque ya hubiesen pasado muchas cosas entre ambos? ¿Y si después se arrepentía de ese "no"? Muchas preguntas agolpándose en un momento en el que lo único que deseaba era mandar al diablo tantas dudas y entregarse de nueva cuenta a aquel que tanto le había gustado desde ese primer intercambio de miradas. Abrió los ojos. Y esa misma mirada que lo detuvo en público estaba posada en él. Ahora en privado. Se miraron largo rato a través del espejo. En silencio. Y la sonrisa que se dibujó en el rostro de ambos calmó sus inquietudes.






Totalmente de acuerdo, Samuelito...
Ya sé, hasta en la sopa, pero eso no le resta mérito alguno...







