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miércoles, 25 de agosto de 2010

¿Murió por cornudo?

De entre la fauna que existió durante el periodo Pleistoceno, es decir, el periodo de las grandes glaciaciones (entre 2 millones y 10 mil años atrás), fue muy particular el caso del Megalocereus giganteus, más conocido como alce irlandés, el cual ha sido el mayor cérvido que ha existido hasta el momento. Sus dimensiones eran considerables: los machos podían tener una alzada de hasta 2 metros hasta la cruz. Las hembras eran considerablemente más pequeñas y ágiles. Y sin duda, su característica más distintiva era la enorme cornamenta de los machos en temporada de celo. Dicha cornamenta podía alcanzar 4 m de punta a punta, y un peso de hasta 5 kg.
Pese a su denominación común, este animal no era un alce, sino un ciervo gigante. Y su distribución abarcó gran parte del continente europeo y Asia central, llegando hasta China. Habitaba las estepas abiertas, en las que se alimentaba de diferentes plantas herbáceas y arbustivas. Las diferencias morfológicas entre ambos sexos era muy evidente, tanto en el tamaño y peso corporal como en la ausencia de cornamentas en las hembras. Al igual que los ciervos y venados de la actualidad, su comportamiento reproductivo era de tipo polígamo. En temporada de celo, los machos desarrollaban sus cornamentas e invertían la mayor parte de su tiempo en peleas por determinar jerarquías entre ellos. Los individuos con cornamentas más desarrolladas y que ganaban las peleas, tenían derecho a agrupar a las hembras en su propio harem y aparearse con ellas. Durante ese tiempo, dejaban de alimentarse, por lo que muchos machos se debilitaban y eran presa fácil de los depredadores o de los humanos. Este fenómeno de alta mortalidad era particularmente notable en los años de escasez de alimento. Para poder desarrollar sus enormes cornamentas, los requerimientos de calcio y fósforo por parte de esta especie eran sumamente altos. Así, una buena alimentación, producto de una amplia cobertura vegetal por condiciones climáticas benéficas, era crucial para el éxito reproductivo de esta especie. Al parecer, las hembras daban a luz una sola cría, y eran solo ellas quienes se encargaban del cuidado de las mismas. En años particularmente fríos, los individuos realizaban migraciones hacia el sur, en busca de condiciones menos severas.
Con el cambio de las condiciones climáticas al final del periodo Pleistoceno, muchas especies animales comenzaron a declinar sus poblaciones y a desaparecer de amplias zonas de su distribución original. La presión ejercida por los cazadores primitivos se fue haciendo cada vez mayor. En el caso de esta especie, su extinción se había calculado hace unos 10,600 años, junto con otros ejemplares de fauna como los mamuts. Sin embargo, hallazgos posteriores de fósiles en Escocia fueron fechados en 7,500 años. Y por último, fósiles más recientes hallados en Rusia sugieren que existieron individuos de esta especie alrededor del año 5,000 a.C. cuando, por ejemplo, las culturas de Mesopotamia estaban en pleno desarrollo.

¡Lo que habría sido estar frente a un animal de estos!

martes, 23 de marzo de 2010

Hace 150 millones de años....

Hambriento, el cazador merodea cerca de la costa. La luz del sol filtrándose a través del agua del océano se refleja en su lomo como una intrincada red de fibras blanquecinas que ondean con cada movimiento de su voluminoso cuerpo. Su sombra se proyecta sobre el fondo de corales y esponjas que marcan el límite de la zona pelágica. Han pasado varios días y la búsqueda de presas ha resultado infructuosa. Sumamente irritado, se aleja de la línea costera para internarse en mar abierto. Su cabeza asoma ligeramente sobre la superficie del agua. Toma una profunda bocanada de aire y se sumerge. Tal vez encuentre un calamar gigante, de los que habitan en profundidades mayores. Conforme se va sumergiendo, la visibilidad se reduce. Eso no es un obstáculo. Su olfato ultra sensible puede captar partículas odoríferas de las especies que se encuentren merodeando a su alrededor, incluso las no tan próximas. Hace un vigoroso movimiento de sus aletas anteriores, en tanto que pliega las posteriores para cobrar velocidad en su descenso. Su enorme cabeza se mueve constantemente de lado a lado, tratando de captar hasta la más sutil señal que indique la presencia de potencial alimento. Sus ojos, imposibilitados para ver, se hallan cubiertos por una membrana traslúcida que los protege de cualquier elemento irritante. La búsqueda, sin embargo, continúa sin rendir frutos.
Una leve señal y el instinto de matar se acrecienta. La señal viene de arriba, de la superficie. Detiene su descenso, curvando su cuerpo hacia abajo y quedando momentáneamente en suspensión. Su hocico escudriña, tratando de determinar de dónde viene exactamente esa señal. Ya la ubicó: kilómetro y medio más adelante, cerca de los arrecifes. Emprende el camino hacia la presa. Con cautela, sabe que un movimiento apresurado puede hacer que ésta huya y se refugie en un sitio inaccesible para él. Aprovecha el juego de luces y sombras que provoca la luz solar conforme se va aproximando a la superficie para desdibujar su silueta y que la presa no se dé cuenta de su presencia. Ésta posee un cuerpo compacto, que flota plácidamente en la superficie en tanto digiere los peces capturados hace unos instantes. Sus aletas son cortas, pero efectivas para desplazarse rápidamente. Su cuello largo le ayuda a coger alimento que se encuentre relativamente alejado. No se halla desprotegida. Posee filosos dientes que pueden asestar mordidas considerables. Su vista y su olfato están sumamente desarrollados. Sin embargo, no es rival para el arsenal del cazador.
Pese a su cautela, el depredador es detectado. Cuello Largo hace un repentino movimiento de aletas y comienza a alejarse a su mayor velocidad posible. Sin embargo, en estas situaciones el cuello largo es desventaja, porque aumenta la resistencia del agua a su desplazamiento. Al cazador le basta un nuevo aleteo para acelerar. Cuello Largo se desplaza raudo, "volando" como los pingüinos bajo el agua, tratando de alcanzar la zona de arrecifes, donde puede encontrar refugio. Si pudiese mirar de reojo se daría cuenta que el cazador está cada vez más próximo, e incluso vería con claridad las hileras de enormes dientes que asoman de sus mandíbulas. El cazador abre las fauces, dispuesto a dar una dentellada certera. Cuello Largo, con un movimiento de la cola, cambia súbitamente de dirección, librando la mordedura. Las quijadas se cierran con tremenda fuerza, produciendo remolinos de espuma y burbujas. La persecución continúa. Hacia arriba, hacia abajo. Sobre la superficie pueden verse ocasionalmente las aletas o los lomos de ambos animales zigzagueando, describiendo curvas, trazando hilos en el agua a una velocidad inusitada para seres de tal corpulencia. Pese a su relativa agilidad, Cuello Largo no consigue llegar a los arrecifes, el cazador le corta todas las vías posibles. Un enfrentamiento sería desigual. Haciendo uso de sus últimos recursos, Cuello Largo se impulsa nuevamente y nada lo más rápido posible. Ha logrado ponerse fuera del alcance del cazador. O éste se cansó de perseguirlo. Ya más tranquilo, gira su cabeza en todas direcciones para cerciorarse de que no ande aun merodeando. Nada. Calma absoluta.
Una fuerza brutal hace elevar a Cuello Largo y casi volar por los aires. Un par de fuertes mandíbulas se cierran en torno a él, dientes como sables atraviesan piel, músculo y huesos a la par que vigorosas sacudidas del cazador le rompen las vértebras cervicales. Cuello Largo no se percató que el cazador acostumbra atacar también desde abajo, donde la mayor parte de las presas no tienen campo visual. Fue tal el impulso del cazador que éste también sobresale del agua, vertical. La imagen del monstruo cobrando su víctima que se retuerce moribunda entre sus fauces parece detenerse un instante dentro del incesante avanzar del reloj geológico. Bramidos profundos, de victoria por parte de uno y de agonía por parte de otro, acompañan al sonido de las olas rompiendo contra la línea costera. El cazador vuelve a sumergirse, llevando el cuerpo inerte de su presa. Líneas de sangre van marcando su trayectoria. De Cuello Largo sólo quedarán despojos, arrastrados por las olas hasta la arena de la playa.

sábado, 17 de octubre de 2009

El Museo Nacional de Antropología II

Más fotografías de mi visita a este lugar. Que disfruten!!!
Tatsi 69, me pregunto si tendrá tarifa sectorizada...
Reproducción de pinturas rupestres de Baja California.
Fauna pleistocénica. De izquierda a derecha: Megatherio o perezoso gigante, mastodontes, tigre dientes de sable, lobo, caballo, mamut, camélido del Nuevo Mundo, gliptodonte o armadillo gigante, bisonte de cuernos largos y perezoso Mylodon.

Llenando la despensa.
Chalchiuhtlicue, diosa de los lagos y cuerpos de agua. Creo que en la actualidad sería más bien la diosa del Colector Poniente, pero bueno, son otros tiempos.
Reproducción de los murales de Cacaxtla, Tlaxcala.
Atlante de Tula, Hidalgo.
Escultura felina azteca.
Creo que si una pieza habría de resumir la grandiosidad y genialidad de las culturas prehispánicas de nuestro país, sería ésta: el calendario azteca.
Réplica del penacho del emperador Moctezuma. El original, como sabemos, se encuentra en el Museo Etnográfico de Viena.
El Mono de Obsidiana, una de las piezas más representativas del museo.
Me gustó este diseño.
Tambores ceremoniales o teponaxtles hechos en madera.
Cerámica mexica.

sábado, 6 de junio de 2009

Breve nota sobre el Paraceratherium

Que no es lo mismo que el parangaricutirimicuaro. En este caso, se trata del mayor mamífero terrestre que ha existido. Su nombre significa "bestia casi cornuda" (Hmm, podría aplicarse también a unos cuantos conocidos míos). Semejante animal existió en Asia Central durante el Periodo Terciario (37-32 millones de años atrás). Sólo como referencia: el elefante africano, que es el mayor mamífero terrestre de la actualidad, llega a medir 3 m de altura, 7 de longitud y pesar 6 toneladas. Pues bien, el Paraceratherium llegaba a medir 5 m de altura, 8 de longitud y pesar hasta 20 toneladas. Las siguientes imágenes bien podrían darnos una idea del tamaño de este animalito:






Estuvieron lejanamente emparentados con caballos y rinocerontes, aunque el género al que pertenecieron está completamente extinto en la actualidad. Existía dimorfismo sexual: los machos eran ligeramente más grandes que las hembras y su cráneo cóncavo se encontraba reforzado. Esto sugiere que entre los machos las peleas por posesión de hembras y territorio eran al estilo de las jirafas actuales: con golpes de cuello y cabeza. Un dato curioso es que, en esta especie, las fosas nasales eran más grandes que su cerebro, debido a que su olfato era el sentido más desarrollado.




Su alimentación era totalmente vegetariana, aprovechando su gran estatura para alcanzar las copas de los árboles y ramonear a gusto. El paisaje de aquella época fue propicio para esta especie, dado que Asia Central en aquella época estaba cubierta por extensas llanuras arboladas, semejantes a las que existen en África hoy día, sólo que sin hierbas. Su labio superior era muy móvil, lo que le permitía alcanzar las ramas más altas e inaccesibles. Un rasgo distintivo es que sus dientes incisivos superiores estaban muy desarrollados, lo que les daba la apariencia de colmillos pequeños. Se sugiere que eran animales pacíficos y, dado su gran tamaño, carecían casi por completo de depredadores. Su mejor arma parecen haber sido sus robustas patas, con las que podrían haber dado golpes formidables a cualquier carnivorucho que anduviese por ahi. Al igual que con los elefantes, la infancia era la etapa más vulnerable en la vida de estos animales. Las crías, al nacer, pesaban ya media tonelada y dependían de su madre durante sus primeros años de vida, hasta que ésta se hallaba nuevamente fértil, tras lo cual rechazaba a la cría para buscar aparearse de nuevo. Con la llegada de una nueva cría, el vínculo con la cría anterior era roto y ésta debía independizarse y buscar sustento por sí misma.
Con los cambios climáticos acaecidos a lo largo de la historia geológica del planeta, se produjeron modificaciones en la vegetación del hábitat de estos animales. El paisaje se tornó más seco, las especies herbáceas se propagaron y los árboles que daban sustento a estos organismos comenzaron a desaparecer. Ante la imposibilidad de modificar sus patrones de alimentación, las diferentes especies de estos mamíferos comenzaron a mermar sus poblaciones, y paulatinamente desaparecieron. Sus restos se han hallado diseminados en diversos países de Asia Central: incluyendo Mongolia, China, Kazajistán, Pakistán y la India.
En 2001, la BBC de Londres transmitió una serie en TV: Caminando con bestias prehistóricas, un excelente trabajo de animación que, en sus diferentes capítulos, contaba la historia de algún animal en particular. Uno de sus capítulos, Tierra de gigantes, cuenta precisamente todo el proceso de gestación de esta especie de mamíferos, y la lucha de madre y cría por sobrevivir a los depredadores y al clima extremo. Si hay forma de checarla, háganlo. Vale la pena.