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miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Elefante

Recibe este nombre una formación rocosa que se encuentra dentro de la Reserva de la Biósfera El Cielo, en terrenos del ejido La Gloria, a 1,600 metros de altitud. Sin duda que la naturaleza es caprichosa, pero (quiero creer) también imaginativa. Por el cómo con la acción del agua y el viento, y el paso de los años, una masa rocosa fue tomando esa forma tan característica. 



Lo que de plano no se vale, es que la gente haga cosas como estas:


En serio ¿por qué el hombre siempre tiene que arruinar lo natural tratando de ponerle siempre "su toque"? Es algo que aun no entiendo. Por favor, nunca hagan algo así. Dice mucho de cómo somos.

lunes, 20 de junio de 2011

Las voces de la selva.

En muchas regiones del sur de México es común escuchar en las mañanas y al atardecer el estruendo producido por los monos aulladores, un rugido poderoso que puede escucharse a varios kilómetros de distancia. Quienes visitan por primera vez las zonas selváticas del sur, suelen llevarse una impresión muy fuerte, al pensar que se trata de alguna fiera cercana, sin darse cuenta que el sonido proviene más bien de las copas de los árboles.

Son dos especies de monos aulladores los que existen en México: el mono aullador de manto (Alouatta palliata) y el mono aullador negro (Alouatta pigra). El primero posee una coloración café a dorado en el lomo, con el resto del pelaje de color oscuro, en tanto que el segundo es completamente negro. En México, A. palliata se distribuye desde el sur de Veracruz, pasando por el norte de Oaxaca y Chiapas, Tabasco y hasta el sur de Campeche, extendiendo su distribución en América hasta el norte de Colombia, Ecuador y Perú. En el caso de A. pigra, su distribución es más restringida, siendo una especie endémica del área mesoamericana. Su distribución en México abarca desde el sur de Tabasco, parte del norte de Chiapas y en la península de Yucatán, además de Guatemala y Belice. Ambas especies confluyen en territorio tabasqueño, en la localidad de Macuspana.
Mapa de distribución de Alouatta palliata.
Mapa de distribución de Alouatta pigra.

Son monos de gran tamaño y peso. Alouatta pigra está entre las especies más grandes de monos del Nuevo Mundo, con un peso de hasta 11 kg. Alouatta palliata es ligeramente menor, con un peso máximo de 9 kg. En ambas especies existe además una marcada diferencia entre sexos. Los machos tienen una talla corporal considerablemente mayor que las hembras, además de sus característicos rugidos. Un hueso modificado en su garganta, el hioides, funciona como amplificador de las cuerdas vocales y eso magnifica el sonido que producen, pudiéndose escuchar a distancias considerables. Las hembras también producen sonidos, pero más agudos y de menor duración.
Ejemplar de Alouatta palliata.

Ejemplar de Alouatta pigra.

La alimentación de ambas especies es vegetariana. Consiste básicamente en hojas, flores y frutos de diversas especies vegetales, con lo que cubren así sus requerimientos de agua y nutrientes, ya que es una característica en común en ambas especies el que en muy raras ocasiones bajen al suelo para beber. Una dieta de hojas es extremadamente pobre en nutrientes, además de que consumen asimismo las toxinas acumuladas en ellas. Es por ello que dedican gran parte de su día al descanso después de alimentarse, para ahorrar energía y llevar a cabo el proceso digestivo. Para poder digerir las grandes cantidades de celulosa ingeridas en las hojas, cuentan con una flora intestinal muy abundante, volviéndolos animales altamente especializados, por lo que su dieta es muy específica. Esto los vuelve particularmente sensibles ante el cambio de composición de especies en su hábitat, producto de las alteraciones producidas por el hombre.
Dotados de una cola prensil, los aulladores son típicamente arborícolas y se sirven de este apéndice para sostenerse mientras tratan de alcanzar retoños o frutos al alimentarse. Pueden realizar saltos considerables entre los árboles, sin embargo, no son tan ágiles como los monos araña, y por lo general sus desplazamientos son más bien lentos y sólo los realizan durante las mañanas y al atardecer, momentos en los cuales los machos realizan sus vocalizaciones con el fin de señalar la posición del grupo a otras tropas vecinas.
Sus grupos sociales (o tropas) están compuestos mayormente por uno o dos machos adultos, además de un número variable de hembras, juveniles y crías. En algunos sitios se han podido observar tropas hasta de 16 o más individuos, dependiendo del grado de afectación del hábitat. Existen además grupos compuestos exclusivamente de machos en edad reproductiva. El apareamiento puede llevarse a cabo en cualquier época del año, dando a luz una sola cría.
En su medio natural, los monos son depredados por jaguares, serpientes y aves rapaces, especialmente los juveniles. En sitios perturbados, la presencia de perros asilvestrados es también un factor de riesgo, dado que en estos lugares los monos se ven obligados a desplazarse por el suelo para ir de un fragmento arbolado a otro, lo que los vuelve vulnerables. Es frecuente también que sean atropellados al intentar cruzar caminos e incluso carreteras asfaltadas. La fragmentación del hábitat es un factor de riesgo para la salud de las poblaciones, ya que muchos grupos se ven confinados a espacios naturales cada vez más reducidos, originando estrés y afecciones en la salud de los individuos, principalmente por la falta de alimento. Por último, ambas especies son comercializadas de manera ilegal como mascotas, especialmente las crías.
Como en muchas otras especies que dependen de la selva para su sobrevivencia, la conservación de grandes espacios con vegetación natural contribuye en gran medida a la permanencia de las poblaciones de estos monos. De igual forma, el asegurar que los diferentes fragmentos donde haya grupos de aulladores se mantengan interconectados para que las tropas se desplacen de un sitio a otro. Sólo así, no se callará para siempre el rugido que tanto caracteriza a la selva del sur de México.

lunes, 23 de mayo de 2011

Pic of the week

Obras de contención hechas con troncos quemados cubren una ladera del cerro El Potosí, en el municipio de Galeana, Nuevo León, para evitar la erosión. Con casi 3800 msnm, esta es la cima más alta del norte del país, y uno de los pocos sitios donde es posible encontrar Pinus culminicola, una rara especie de pino enano que sólo crece en altitudes superiores a los 3,500 metros. Después de los incendios forestales de 1998. gran parte del cerro quedó con diferentes grados de afectación, y la regeneración de la vegetación natural ha sido lenta e intermitente. La constante presencia del ganado bovino es un factor limitante para el adecuado crecimiento de las plántulas de diversas especies de pinos y encinos que aquí solían crecer. La cima del cerro contiene un ambiente único: la pradera subalpina, un tipo de ecosistema de distribución muy restringida en nuestro país y, por ende, muy vulnerable. Las actividades de construcción de infraestructura para el control del tráfico aéreo ha reducido en buena parte la superficie ocupada por este ecosistema. Menos evidente, pero igualmente significativo es el efecto que el cambio climático está teniendo sobre la distribución de plantas y animales adaptados a las bajas temperaturas de las altas elevaciones, obligándolos a restringir cada vez más su patrón de actividades a las partes más altas.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La de hoy.

Un banco de niebla cae sobre el Valle del Ovni, uno de los parajes que conforman la Reserva de la Biósfera El Cielo, la cual se ubica en los municipios de Gómez Farías, Llera y Jaumave, en Tamaulipas. Considerada la porción más norteña de distribución del bosque mesófilo de montaña, un tipo de vegetación severamente amenazado en todo el país, la reserva tiene una extensión aproximada de 145 mil hectáreas, que comprenden además otros tipos de vegetación como la selva baja caducifolia, el matorral xerófilo, el bosque de pino-encino, y el bosque de pinos. En El Cielo se han registrado hasta la fecha 743 especies vegetales, muchas de ellas emblemáticas, como la magnolia (Magnolia tamaulipana), el liquidámbar (Liquidambar styraciflua), el cedro (Cedrela odorata) y abundantes orquídeas y cactus. Es hogar además de diversas especies faunísticas tan carismáticas como el jaguar (Panthera onca), el oso negro (Ursus americanus), la guacamaya militar (Ara militaris), el águila elegante (Spizaetus ornatus), el hocofaisán (Crax rubra) y la coa (Trogon elegans).
Decretada como Reserva de la Biósfera en 1985 por el gobierno estatal, fue en 1986 cuando ingresó al programa El Hombre y la Biósfera de la UNESCO. Si bien la reserva presenta un buen estado de conservación, no está exenta de amenazas, representadas principalmente por la extracción clandestina de madera, así como de ejemplares de flora y fauna para el tráfico de especies, los incendios forestales y, más recientemente, la violencia derivada del narcotráfico, misma que se ha afincado en los municipios aledaños y que representa una seria limitante para la investigación científica y el turismo en las localidades comprendidas dentro de su área de influencia.

sábado, 9 de abril de 2011

Cerro El Potosí

La semana pasada, como parte de la materia de Conservación de Recursos Forestales, hicimos un viajecillo al cerro El Potosí, el cual se ubica en el municipio de Galeana, en el centro-sur del estado de Nuevo León.
Cabe mencionar que este cerro es el punto más alto, no solo de la entidad, sino también de la parte norte del país, con una elevación de 3,720 metros sobre el nivel del mar. El acceso al mismo es a través del ejido 18 de Marzo, el cual se ubica ya a una altitud considerable. Existe un camino de terracería que lleva hasta la cima, dado que en ella se ubican instalaciones para el control del tráfico aéreo.
Este cerro tiene características que lo vuelven peculiar. Al tener semejante elevación, existen en la cima dos tipos de vegetación que son raros en nuestro país: la pradera alpina y el matorral de coníferas. Contiene, además, restos de bosques de coníferas, como pinos (Pinus ayacahuite, Pinus greggii y Pinus hartwegii), oyameles (Abies vejari) y hayarín (Pseudotsuga mensiezi) La primera tiene una extensión aproximada de 21.47 ha en la parte alta del cerro, y consiste en vegetación herbácea, con abundantes gramíneas y plantas anuales. El matorral de coníferas, el cual abarca 54.95 ha, es un tipo de vegetación muy particular, dado que está constituido casi en su totalidad por individuos de Pinus culminicola, una especie de pino que solo crece en la cima de este cerro y en algunas sierras vecinas y no se le encuentra en ninguna otra parte del mundo. Este pino se diferencía además por su crecimiento en forma de arbusto, y no arbóreo como las otras especies. Al ser una especie restringida a este pequeño ambiente, enfrenta la amenaza de extinción debido a la constante presión ejercida por el hombre sobre los ecosistemas del cerro, principalmente en forma de incendios forestales, de los cuales el más reciente ocurrió en 1998 y afectó enormes extensiones de este bosque y de otros tipos de vegetación de la zona, dejando desprovista de cubierta vegetal grandes porciones de las laderas y dejando en su lugar sólo tocones quemados.
En algunos puntos aun es posible observar huellas de ese incendio. Algunas laderas continúan desnudas de vegetación. En otras partes, el fenómeno de sucesión ecológica se está llevando a cabo lentamente, y numerosas especies llamadas "pioneras" están colonizando los espacios disponibles, convirtiendo lo que antes eran extensos bosques de pinos en chaparrales de encinos y otras especies arbustivas.
Pese a que el cerro fue declarado Área Natural Protegida en 1996, no existe un aplicación efectiva de medidas de conservación que garanticen la continuidad de los remanentes de ecosistemas que quedan en el sitio. La ganadería continúa practicándose de manera extensiva, así como la extracción de madera, la construcción de caminos, y existe el constante riesgo de que se produzca de nuevo un incendio de grandes dimensiones.
Después del incendio del 98 se realizaron diferentes prácticas con la finalidad de promover la restauración del sitio, construyendo medios de contención con troncos, para evitar el deslave del suelo con las lluvias, así como el establecimiento de plantaciones con el fin de reforestar parte de la zona afectada.
Es urgente, por lo tanto, que las autoridades ambientales del estado tomen cartas en el asunto, redelimitando y definiendo las estrategias de conservación, monitoreo y vigilancia de esta zona tan importante. Así, se aseguraría en gran parte que la vegetación dañada puede regenerarse a mediano y largo plazo.

martes, 8 de marzo de 2011

Es difícil...

Es fácil decir "tal o cual cosa están mal", sobre todo cuando lo vemos desde fuera. Sin saber qué piensan las partes involucradas. Digo esto porque ayer, leyendo una nota de La Jornada que una buena amiga puso en su muro de FB, resulta que hay empresarios quejándose de que las normas ambientales en el país no les permiten construir proyectos turísticos en zonas costeras del Caribe y el Pacífico mexicanos. Sobre todo, tomando en cuenta que esas zonas están (o estaban) ocupadas en un inicio por vastas extensiones de manglar, el cual es un ecosistema de lo màs importante para regular el flujo de nutrientes en los ambientes costeros, ayudan a mitigar el daño provocado por huracanes, son un sitio importante para la reproducción de cientos de especies animales.
Pues bien, resulta que estos empresarios, a través de ciertos legisladores "títeres", andan proclamando que la protección a tan importantes ecosistemas es una señal de retroceso, que se detiene la generación de empleos que tanto necesitan los lugareños y que de esa forma México nunca llegará a ser la potencia turística que tanto promete el presidente Calderón. Pero resulta que las especies de mangle que componen esos ecosistemas (mangle rojo, mangle negro y mangle botoncillo) están en categoría de riesgo de extinción de acuerdo a la SEMARNAT y su Norma Oficial 059. Lo que quieren estos señores empresarios (muchos de ellos españoles) es que el Congreso invalide dicha norma, bajo los argumentos antes mencionados, para que se le dé libre cauce a sus megaproyectos de inversión: hoteles de lujo, residencias, condominios, campos de golf, marinas, spas...sitios que, en efecto, generarían fuentes de empleo para la población. Paradójicamente, vedándoles al mismo tiempo el acceso a los sitios que por derecho les corresponden.
No sé qué tengan en la mente estos señores empresarios. Probablemente billetes embarrados de mierda. Dicen que, si bien destruyen los manglares para construir lo que les viene en gana, se darían a la tarea de sembrar "en compensación" en otros sitios. ¡Háganme el favrón cabor! Lo que estos señores ignoran es la cantidad de años que lleva a un ecosistema de este tipo desarrollarse y lograr las condiciones que tenía en un principio. Un conjunto de plántulas sembradas de forma muy mal planificada, probablemente dejadas al garete y en sitios que no son idóneos, nunca podrían considerarse una "compensación" por el daño ambiental ocasionado.
Por desgracia, vivimos en un país donde la ley está del lado de quien más dinero tiene. La corrupción se filtra a todos los niveles, desde la silla del gobernador hasta los operadores de los bulldozers que derriban los árboles. Son numerosas las denuncias por destrucción de manglares, sin embargo, son pocas a las que se les da seguimiento. Y aquí es donde digo que también hay que preguntar qué piensan los lugareños sobre las modificaciones al entorno en que viven. Es cierto que casi todos viven en pobreza extrema. Y si se les preguntara si prefieren comer o conservar los manglares, muy probablemente se irían sobre la primera opción. La cosa aquí es que se den cuenta del valor del sistema natural que poseen. Justamente, una de las alternativas es el ecoturismo. Si bien no es una panacea que les solucionará todos los problemas, si es bien planificado puede lograr cambios significativos en el entorno social y económico de las poblaciones cercanas.
La autoridad federal tiene ante sí un enorme reto: soportar las presiones de los intereses económicos y hacer valer de manera enérgica sus leyes ambientales. Como sociedad, estamos obligados a no permanecer indiferentes ante esta y otras problemáticas. A dejar la inercia. A cambiar de manera de pensar, creyendo que el progreso tiene que ser antagónico a la conservación de los recursos. Es difícil, claro. Pero se vuelve un desafío aceptable si pensamos que, de seguir así, tal vez en el futuro no podamos comer ni respirar dinero.

lunes, 25 de octubre de 2010

Una probadita de sierra

Después de un largo rato de oxidación en las tierras bajas me tocó ir a Monterrey este fin de semana. Y uno de los lugares que quise conocer (y al que muy amablemente me llevaron) fue el Parque Ecológico Chipinque. Les cuento. Chipinque es para Monterrey lo que el Ajusco para la ciudad de México: un sitio donde se realizan acciones de conservación del ambiente, y donde muchas personas llegan a relajarse (en la forma como ellos prefieran......), aunque también es un sitio sujeto a las presiones del crecimiento de la mancha urbana, especialmente por la cesión de terrenos a gente pudiente que ha construido sus modestas casitas en las laderas de los cerros. En fin, que el recorrido fue bastante grato (especialmente por la compañía) y tomé muchas fotos. Les comparto algunas =)

















Excelente inicio de semana!!!!