martes, 1 de junio de 2010

Historias de palmilleros.

I
El día aclaraba. Los cerros, que durante la noche tan sólo se observaban como gigantes moles amorfas, ahora se iluminaban y dejaban ver el abigarrado tapiz vegetal que los cubría. Era una mañana fría. La niebla avanzaba como un manto grisáceo sobre el valle, proveniente de los picos más altos. La humedad hacía resplandecer la hierba, goteaba de las hojas de los árboles y nutría las corrientes intermitentes que desaparecían bajo las rocas para resurgir kilómetros más adelante en forma de manantiales. Una parvada de guacamayas verdes cruzó el valle, llenando el aire con sus roncos llamados mientras se dirigían a sus habituales sitios de alimentación. La actividad en el pequeño poblado iniciaba. Los perros se desperezaban, ladrando hacia los rebaños de cabras que a esa hora eran conducidos a sus lugares de pastoreo.


Un jinete cruzaba el camino principal. Tras él, una mula con varios costales repletos de hojas de palma. El fruto de varias jornadas de trabajo internado en el monte alto. Hacía más de 4 días que había dejado a su familia en el pueblo para ir a los sitios de corte de la palma, dispersos entre los cerros. Con el paso del tiempo, había aprendido a localizarlos todos. El corte tenía que ser selectivo, escogiendo siempre las hojas que estuvieran en mejores condiciones. Y movilizándose continuamente para no sobreexplotar un solo lugar en particular. Cuando se acababa el corte en un sitio, había que moverse a otros. Búsqueda continua entre los cerros. Montaban campamentos improvisados en el bosque. Muchos sitios eran prácticamente inaccesibles aun a caballo, por lo que había que tomar los sacos e ir por su cuenta. Escalando, si era necesario. A pesar del calor, de las incesantes nubes de mosquitos voraces, abriéndose paso a filo de machete. Muchos riesgos tenían que correr para obtener una paca de buen volumen. Caídas con consecuencias fatales, la nauyaca y otras serpientes venenosas, las infestaciones con garrapatas, el jaguar o "tigre", un ataque de oso....la soledad. Todo ello tenía poca importancia para el jinete. Lo recogido en esa jornada lo llevaría a vender a Ocampo. No, mejor a Mante. Parte de las hojas las usaban en las florerías para sus arreglos. Otro tanto eran compradas supuestamente para ser exportadas a E.U. y obtener de ellas colorantes para teñir los billetes de dolar. En verdad, poco le importaba el destino que le dieran a su cargamento, siempre y cuando se lo pagaran bien. Cosa que se antojaba poco menos que imposible. Todos los que se dedicaban a eso sabían que el rollo de hojas era pagado a precios irrisorios. Sin embargo, no había otra actividad económica que les redituara ingresos. Desde el decreto de la reserva por parte del gobierno federal, la caza estaba prohibida, así como la explotación comercial de la madera. La agricultura sólo podía practicarse a nivel de subsistencia. El turismo venía representando últimamente una alternativa de desarrollo, pero éste estaba subordinado a la temporada del año. Y con múltiples necesidades que atender, se veía en la necesida de irse al monte a cortar la palma. Era eso o emigrar. Lo cual también estaba considerando seriamente. Sus opciones se le acababan. Una de dos: seguir en las montañas, con su estilo de vida, aunque sufriendo carencias. O irse a la ciudad, o al otro lado, a ser obrero o peón al servicio de alguien más. La incertidumbre. Siempre en torno al dinero, a la necesidad económica. Se preguntaba por qué era tan necesario. Por qué no se formaba una comunidad, una sociedad, en la que no fuese necesario ni se midiese el valor de una persona por lo que poseyera. Utopías. Por el momento, no le quedaba más que espolear al caballo para que apresurara el paso junto con la mula. Con rumbo a la ciudad.

2 comentarios:

tnf25 dijo...

En esta película de Invasores, se plantea básicamente lo mismo, igual en aquella de La Aldea, pero no se , de un modo u otro nos las arreglaríamos para crear el dinero..de una u otra forma.

Noé dijo...

Por desgracia, creo que ya viene implícito en nosotros el ponerle precio a todo y establecer jerarquías en base a ello =S