viernes, 24 de julio de 2009

Y la especie de hoy es.....

Cada día es menos frecuente que se susciten episodios como este en la naturaleza. La causa?? La rápida desaparición de las selvas tropicales bajo la presión antropogénica: la demanda por tierras de cultivo, para crianza de ganado, para explotación minera o para satisfacer la cada vez mayor necesidad de espacio habitable La selva, además de ser un ecosistema increíblemente complejo, es también extremadamente frágil, como un castillo de naipes. Todos los seres que la habitan, desde los microcópicos hongos y bacterias del suelo hasta las gigantescas ceibas de más de 50 m, están interconectados tan mutuamente que si falta un elemento de este castillo el resto se desmorona. Las especies que se encuentran en la cúspide de la cadena alimenticia resienten especialmente esos cambios en su hábitat, y cuando estas especies desaparecen o su número es alarmantemente bajo quiere decir que el resto del ecosistema se encuentra igual en malas condiciones. A estas especies se les llama especies sombrilla, y por sus características se convierten en especies carismáticas, objeto de los más intensos esfuerzos de conservación.
Una de estas especies carismáticas, para el área de Latinoamérica, desde el sur de México hasta el norte de Argentina, es el águila arpía (Harpia harpyja). De características imponentes, esta águila se considera un superpredador, lo cual quiere decir que sólo sus chicharrones truenan y que carece prácticamente de enemigos naturales, a excepción del hombre. Sus dimensiones son de respeto: las hembras, mayores que los machos, pueden medir hasta 1 m de largo, casi 2 m de envergadura (no, no es lo que pudiesen pensar algunas mentalidades concupiscentes) y pesar hasta 9 Kg. Su pico es muy fuerte y sus garras hasta de 13 cm. Si no creen, chequen nadamás: Su apariencia es inconfundible: cabeza gris, espalda, parte superior de la alas y pecho negros y el resto del cuerpo blanco. La cola es negra y presenta tres franjas grises. Y su característica distintiva es la cresta de plumas eréctiles sobre la cabeza, así como su disco facial. Tal cresta, se cree, tiene la función de desdibujar el contorno de su cabeza y camuflarla entre el follaje para confundir a las presas. El disco facial, se sugiere, tiene la función de dirigir las ondas de sonido hacia su conducto auditivo y amplificarlas, como una especie de micrófono parabólico. De esta manera el águila puede detectar aun los movimientos más sigilosos de sus presas y anticipar sus cambios de dirección durante la caza. Suena lógico, dado que el ambiente en el que vive es un laberinto de hojas, ramas, bejucos, luz y sombra, por lo que se ayuda de estos implementos y de su excelente visión. Tanto la cresta como el disco facial también le sirven al águila para comunicar sus estados de ánimo y advertir posibles amenazas.


Son animales en extremo silenciosos, por lo que su localización es difícil. A esto se suma el hecho de que rara vez vuelan por encima del dosel arbóreo y evitan pasar por áreas desmontadas. Ocasionalmente emiten algún llamado, que consiste en un agudo chillido. Son más localizables en temporada reproductiva, dados los enormes nidos que construyen en la punta de los árboles más altos de la selva, especialmente ceibas. El nido es una plataforma de ramas entrecruzadas que puede tener hasta 2 m de circunferencia, en cuya construcción participan ambos progenitores. Una vez concluido, la hembra deposita un huevo y en ocasiones dos, permaneciendo en el nido todo el tiempo de incubación, que puede ser hasta de 55 días. En este periodo el macho se encarga de llevar el alimento y lo hace hasta que el polluelo está lo suficientemente grande como para que la hembra pueda dejarlo un tiempo y volver a cazar. Si nacen dos polluelos, sólo uno sobrevive, ya que los padres dan prioridad al que haya nacido primero.
Cazadoras eficientes, 9 de cada 10 ataques son exitosos. Se alimentan principalmente de mamíferos arborícolas: monos, perezosos, coatíes, martuchas, osos hormigueros, puercoespines...aunque también atacan a mamíferos terrestres como armadillos, mapaches, roedores e incluso crías de venado y jabalí. En los lugares donde los hay, acostumbran cazar en los comederos de barro de las guacamayas, y también se alimentan de otras aves como pavas de monte y tucanes. Por último, no desdeñan los reptiles y se les ha visto comiendo iguanas y serpientes. Dotadas de gran fuerza, pueden levantar en vuelo presas que triplican su propio peso.




En toda Latinoamérica se considera una especie sumamente rara. Su principal desventaja es su baja tasa de reproducción: una cría cada 2-3 años, su requerimiento de amplias zonas selváticas que les provean presas suficientes, su territorialidad y su monogamia (si un miembro de la pareja muere, el otro difícilmente buscará un sustituto). Esto, y la desaparición de su hábitat, la han llevado a ubicarse en la lista de especies en extinción del Libro Rojo. En México ha desaparecido de muchas regiones, al grado que se calcula sólo quedan 8-10 individuos en el país. Se extinguió en Veracruz, y en Tabasco no se le ve desde inicios del siglo XX. Los reportes de avistamiento en los Chimalapas, Oaxaca y el Ocote en Chiapas, ya tienen cierta antigüedad, siendo la Selva Lacandona y Calakmul, en Campeche, los últimos sitios en los que se tiene certeza de su existencia. Países como Belice, Panamá y Venezuela están realizando importantes esfuerzos por conservar sus parejas reproductoras, reproducirlas en cautiverio y liberar y monitorear crías. Pero sin la implementación de políticas eficientes que garantizen la conservación de grandes zonas selváticas, el futuro de esta especie se presenta como incierto.

Para leer "otro tantito":
http://www.fotonatura.org/revista/articulos/279/ (Ruth Muñiz, investigadora española, ha hecho un trabajo excelente en Ecuador)
Y dos cosas de las que uno dice "¿cómo es posible?":

4 comentarios:

Gus dijo...

Dios mío, Dios mío, en qué estabas pensando cuando nos creaste rapaces, insensibles y pendejoooos?

Noé dijo...

Gus:
Jajajaja, nos crearon con la capacidad de libre albedrío. O éramos perfección, o éramos pendejez. Los últimos 6 mil años de historia de la humanidad me sugieren que hemos optado por lo segundo....

Champy dijo...

Oye que feo nombre.... "Arpía"

Lo bueno es que yo soy gatito.

2046

Eduardo Robles Pacheco dijo...

Mirálo vos que garritas, como para agarrarla de mal humor y que te apriete los tanates jejejeje! Chingona ave, que ni qué =D!