viernes, 7 de agosto de 2009

Sin título

Símbolos de lo exótico y lo sofisticado. Su solo nombre evoca húmedos bosques en la montaña, selvas impenetrables repletas de míticos seres físicos y espirituales, lugares prístinos en valles ocultos, lejos de la mano rapaz del hombre. Una interminable sucesión de formas, aromas, colores, hábitos de crecimiento....Algunas como profusas cascadas coloridas destacándose en lo alto de los árboles, sobre las rocas a la orilla de los ríos, en los troncos caídos, flotando entre los nenúfares de un pantano o entre las nubes de mosquitos carniceros de los manglares. Otras son minúsculas...casi imperceptibles entre la densa vegetación en que suelen desarrollarse, ocultas entre los colchones de musgo y helechos en lo alto de los árboles, humedecidos perpetuamente por la niebla. Donde forman parte del entorno del quetzal, del pavón, de múltiples y coloridas aves canoras que los antiguos apreciaron y reverenciaron. Tanto como a ellas. Apreciadas por su belleza, fueron parte importante en sus ceremonias, adornando los templos y altares de sus múltiples dioses. De sus tallos y pseudobulbos obtuvieron savia que servía lo mismo para sanarse las heridas que como adhesivo para sus artesanos. Con sus frutos secos dieron aroma y sabor a su cocina...







No es sólo su belleza lo que las hace especiales. También su tenacidad, resistencia y versatilidad. Habitan en sitios sumamente lluviosos, y paradójicamente se ven sometidas a la escasez de agua debido a que muchas crecen sobre los troncos de los árboles, donde el agua escurre y se evapora rápidamente. Hojas gruesas, capas cerosas, metabolismo modificado, todas son estrategias que han desarrollado con el tiempo para enfrentar esta carencia. Nutriéndose de la materia orgánica que se deposita en las cortezas de los árboles por acción del viento, la lluvia y los animales. Es por medio de colores, aromas y formas que atraen a los insectos que las polinizan. Cada especie depende exclusivamente de un tipo de insecto en particular: abejas, moscas, abejorros, avispas, hormigas... A tal grado llega esta dependencia, que muchas flores tienen incluso la forma y el aroma de un insecto hembra, para atraer a los machos de esa especie. Así se aseguran la continuidad de sus poblaciones, produciendo además una progenie multitudinaria de miles y miles de semillas como granos de polvo, que son transportadas por el viento. Pocas semillas germinarán, porque requieren para ello asociarse con un hongo, que les proporcione los elementos requeridos para su desarrollo.




Aquella devoción manifestada en la antigüedad no ha desaparecido en nuestros días. Aunque en estos tiempos, esa misma devoción, transformada en codicia, ha llevado a muchas especies a desaparecer de sus hábitats naturales. La destrucción de los bosques en que habitan ha sido otro factor contribuyente a la merma de sus poblaciones. Sin una adecuada protección, y sin el interés de personas especializadas en su cultivo y propagación, hay un destino incierto para algo tan bello. Y hay que recordar que la extinción es para siempre.....




4 comentarios:

Botica Pop dijo...

te iba a comentar en la semana, después de que tu me dejaste un comentario y te descubrí, pero algo no funcionaba bien.... en fin.

me hace mucha gracia tu blog. quizá porque nací en monterrey y mis abuelos viven allá y he ido muchas veces de vacaciones. o igual porque mi hermano es biólogo, o igual porque tuve un novio que coleccionaba fotos de orquideas, o porque tus textos son gracioso o quizá sólo porque quetzi me dio risa. no sé. lindo blog.

Noé dijo...

Botica:
Muchas gracias, me has levantado el ánimo el día de hoy. Bienvenida!!

tnf25 dijo...

me encantan, pero soy tan manos de piedra que de momento mi única planta es un lichy que esta en proceso de germinación….

Noé dijo...

TNF25:
Por algo se empieza, compa-ñero. Los cactus son igual de padres y no requieren cuidados excesivos. Buen lunes!!!